Con las pizarras de la divisa marcando números por encima de los $ 3,40 con causas atribuidas al anuncio oficial de estatizar las AFJP, el propio Néstor Kirchner, quien ahora aboga por un dólar no tan alto, puso manos a la obra. Habrá considerado que la intervención del presidente del Banco Central, Martín Redrado, quien llegó a ofrecer u$s 1.000 millones para frenar la estampida del billete, era poco efectiva o insuficiente; lo cierto es que apostó por montar un operativo parelelo pare evitar el desborde. Y para tamaña tarea, aconsejó a su mujer, la Presidenta Cristina, descargar la responsabilidad en uno de sus hombres de mayor confianza: Guillermo Moreno.
El secretario de Comercio, de ganada fama por sus poco ortodoxos mecanismos para controlar los precios, tiene encomendada ahora la misión de abocarse a un solo precio: el del dólar. Debutó sobre el filo del último fin de semana de octubre pero se hizo sentir fuerte en los primeros días de noviembre. En apenas 48 horas, el dólar se anotó una pérdida de siete centavos y se mantiene (al cierre de esta edición) en el orden los $ 3,33. No lo hizo solo, aunque no fue el Banco Central su principal red de contención sino la AFIP, que bajo las órdenes de Claudio Moroni le prestó sus sabuesos para entrar en la city como más le gusta al funcionario: a cara de perro.
Es que más allá de que el Gobierno permitiera por unos días soltarle la cuerda al billete, entusiasmando a industriales al dejarlo flotar hasta los $ 3,40, el brote inflacionario parece haberle dado un buen susto al matrimonio Kirchner cuyo nuevo valor ideal del billete –ideal que no sería enteramente compartido por Redrado- se ubica lo más cerca posible de los $ 3.
Por eso, Néstor y Cristina acudieron al polifuncional y siempre listo para la bravura secretario de Comercio Interior y le dieron vía libre para que intercediera en la plaza financiera para codearse directamente con los número 1 de las principales casas de cambio, sociedades de bolsa, mesas de dinero y directivos de entidades para pedirles, siempre con su particular estilo, que colaboraran a frenar la histeria del mercado de cambio.
La movida, previsiblemente, cayó pésimo en las filas del BCRA donde intentan restarle importancia a la intervención de Moreno. No sólo Redrado no le atribuye importantes efectos sobre la cotización sino que minimiza la estrategia del secretario. “Si llamó a 5 banqueros y empresarios es mucho, pero a todos les encanta sentirse importantes y decir que recibieron el llamado”, se divierten en los despachos oficiales.
En cualquier caso, el operativo teléfono tuvo una contraparte mucho más firme desde la AFIP, controlando en las calles de la city el cumplimiento de las normas para la compra-venta de divisas en casas de cambio y tambien bancos, a los que se “pidió” se abstuvieran de vender dólares en altos montos a empresas.
MECANISMOS DE MERCADO. Al margen de estas maniobras, Redrado avanzó con un menú de medidas que los inversores recuerdan vigentes en los primeros años post devaluación. Al mismo tiempo que se les obligaba a las AFJP, en medio de una inesperada discusión por la continuidad de estas empresas en el sistema de jubilación argentino, a no influir en la plaza cambiaria ni tampoco en el mercado de bonos con los fondos que se les ordenó traer del extranjero –es decir que no salieran a comprar verdes masivamente para no presionar aún más la suba–, se acortaba drásticamente el plazo de liquidación de divisas para los exportadores. Hasta el momento, los exportadores contaban con un plazo de 120 días para ingresar al país los dólares producto de sus ventas; el período de tiempo se acortó a apenas 15 días, lo que se espera producirá un importante efecto en el mercado en las próximas semanas. Además, el BCRA junto a la Comisión Nacional de Valores elaboró un mecanismo que apuntó a otro tipo de operaciones usada por los grandes inversores para comprar dólares en el exterior de una manera elíptica. La operación conocida en el mercado como “contado con liqui” y que se basa en la compra de bonos que cotizan en el extranjero y de cuya venta en el mercado de Estados Unidos se obtienen los dólares, fue complicada a través de la resolución conjunta de la CNV y del BCRA. La misma obliga a los inversores a demostrar que la contraparte tiene los bonos en cartera por lo menos por un período de 72 horas. Se busca evitar de esta manera que la compraventa de títulos sea sólo una operación cambiaria para, de paso, fugar capitales. La medida tuvo efecto, y la operación se vio reducida a la mitad del promedio de operaciones que se realizaban hace una semana con títulos públicos. Tras la aplicación de la nueva norma, el volumen negociado en el mercado de cambios cayó de un promedio diario de u$s 600 millones a menos de u$s 400 millones, y lo mismo se repitió con el volumen negociado en bonos, según los números del Central.
Bancos, empresas y grandes inversores no fueron los únicos que quedaron en la mira. También los minoristas y pequeños ahorristas absorbieron parte de la atención oficial en una semana en la que fueron monitoreados de cerca gracias a un acuerdo implícito de cooperación para sacar a la calle, más precisamente a las casas de cambio, a los inspectores no sólo de la AFIP sino también veedores del Banco Central y de la Comisión nacional de Valores. Esta maniobra también surtió efecto: las operaciones de venta cayeron a un quinto del promedio de lo que se negociaba en octubre.
Afuera de cualquier estrategia u operación de mercado para llevar calma a la plaza, encontrada o coordinada, quedó el ministro de Economía, Carlos Fernández, quien paradójicamente no parece tener una opinión muy formada sobre el valor que debería tener el dólar más allá de cumplir el deseo del ex Presidente. Si comulga o no con la política de controles impuesta por el Banco Central no es un tema que se haya debatido en reuniones entre ambas carteras, las que prácticamente ya no se llevan a cabo salvo por cuestiones operativas puntuales. Tampoco está claro hasta qué punto simpatiza con la política K de endosarle a Moreno la responsabilidad de intervenir en el mercado aunque sobre este punto se intuye que el ministro se solidariza en silencio con Redrado al mismo tiempo que se alegra de que algo más esté ocupando al secretario que formalmente reviste bajo su órbita.
¿Por cuánto tiempo se fijarán estos controles? ¿Qué pasará cuando los inspectores vuelvan a sus tareas cotidianas?
Cabe recordar que antes de esta mini crisis local impulsada desde la reforma del sistema jubilatorio, los industriales solicitaban que el dólar se ubicara en torno a los $ 4 para fin de año, en especial desde que Brasil devaluara su moneda un 37,5% desde principio de septiembre.
Lejos se está hoy de esa situación y lo que es aún peor, las empresas se han visto impedidas en la semana hacer las compras de dólares que necesitaban. “Y lejos se está de la bicicleta financiera que se hizo hace unos meses atrás cuando de $ 3,20 el Gobierno bajó la cotización del dólar a 3,05. En estos días el BCRA salió a vender u$s 16.000 millones de dólares a futuro apostando a un dólar a 3,08 para diciembre. Entonces las empresas se hicieron de capital, apostaron al dólar a futuro y pusieron el cash en depósitos al 23 o 24%”, explicó una fuente. Hasta ahora la lección oficial ha dado sus frutos. Habrá que ver por cuánto tiempo el mercado sigue obediente.