Todo explotó de un día para el otro, sin darnos cuenta ni proponérnoslo. Lo que empezó siendo casi un
hobby para nosotros, algo que hacíamos muy a gusto en los ratos libres, se convirtió en un negocio con un potencial increíble. Sin techo”, asegura a modo de presentación Matías Botbol, uno de los dueños de Taringa. Se trata de la comunidad virtual que seguramente marcó un antes y un después en el cyberespacio local, gracias a los contenidos que los propios usuarios subían, y suben, y que es visitado, por si fuera poco, por más de 1.500.000 “taringueros” a diario.
Del proyecto, que nació a fines de 2006 a partir del fanatismo que despertaba en los creadores de la PuntoNet argentina todo lo que tuviera que ver con sitios de Internet, links y posteos, también participan Hernán, hermano menor de Matías, y Alberto Nakayama.
Actualmente la firma factura cerca de $ 1.200.000 al año y encabeza el ranking de las comunidades creadas por argentinos que más visitas reciben en el mundo. “Cuando largamos con este proyecto nos visitaban sólo 30.000 usuarios por día, en cambio, ahora, sobrepasamos el millón y medio de visitas y contamos con una cifra similar de usuarios registrados”, puntualiza Hernán, referente administrativo y contable del grupo de socios. Los “números” de la compañía se completan con unos 3.500 post diarios (usuarios que suben algún tipo de información) y más de 150.000 usuarios que alguna vez interactuaron con el sitio de Internet.
Otra de las cifras que también puede “levantar” cierta polvareda en el espacio virtual es el del valor de la página ante una posible oferta de compra. En este caso, y como parámetro, se toma un valor referencial por usuario registrado. Por ejemplo, cuando se vendió el portal Fotolog se tomó un precio de casi u$s 6 por usuario para cerrar la operación. Si se proyecta este valor a Taringa, tranquilamente su cotización pasaría los u$s 10 millones. “De todas maneras, nuestra idea no es vender. No trabajamos para hacer plata como muchos creadores de páginas web hicieron alguna vez. No es nuestro estilo”, afirman los hermanos Botbol.
Sobre las dificultades que pueden suscitarse a partir de “colgar” algún tipo de post que despierte reacciones encontradas entre el público “taringuero”, los entrepreneurs señalan que para evitar cualquier problema cuentan con un protocolo que regula qué tipo de información se puede subir y cuál no. “Se fue desarrollando con el tiempo y tiene muy buena aceptación entre los usuarios”, asegura Matías, encargado del área operativa. “Hay que citar siempre la fuente de dónde se saca la info”, completa. En este sentido, el menor de los Botbol explica que existen varias categorías de usuarios. “Están los novatos, usuarios que recién empiezan a interactuar con la página y cuentan con ciertas limitaciones a tal efecto, los full users, los greats users y los moderadores, que son, en definitiva, los encargados de controlar que se cumpla estrictamente con el protocolo de Taringa”.
En la actualidad existen unos 25 moderadores que conforman esa especie de “guardia pretoriana” virtual. “Son verdaderos fanáticos de Taringa y cuidan que nada corra contra el protocolo”, apunta Matías.
MARKETING. Para “vender” su página, los jóvenes indican que nunca hicieron inversiones importantes. Los grandes motores de Internet como Google, por ejemplo, saben el volumen de usuarios que mueven y posicionan la firma en los primero lugares. “Es difícil buscar algo en la web y que no aparezca primero en Taringa”, asegura Alberto, otro de los socios fundadores del sitio. “Sí realizamos una buena inversión publicitaria en remeras y calcomanías con nuestro nombre. Fue una movida que nos dio muy buen resultado”, indica, por su parte, Hernán.
De todas maneras, y gracias al segmento de “fanáticos” que los siguen a diario, marcas como Nike, Personal, Fibertel o Sprite, por citar sólo algunas, pusieron sus ojos en Taringa y la eligieron como plataforma virtual para “correr” algunas promos muy puntuales relacionadas –claro está– con el mundo cyberespacial. “Son estrategias bien segmentadas que dieron muy buen resultado, tanto para quienes invirtieron en Internet como para nosotros”, explica Hernán.
En relación con los ingresos, los hermanos Botbol y Nakayama explican que su modelo de negocios está basado en la publicidad. “Antiguamente el negocio era cobrar a los usuarios pero fue un modelo que no dio resultado. Ahora el objetivo es tener la mayor cantidad de usuarios registrados y visitantes posibles, y vender la mayor cantidad de espacios de publicidad, los banners”, revela Matías.
Afianzados como referentes sociales del mundo virtual, los dueños de Taringa tienen todo listo para hacer pie en Brasil. “Acá ya hicimos todo lo que podíamos hacer –señala Hernán–. Sabemos que la idiosincrasia del usuario brasileño es muy parecida a la del argentino y no vemos dificultades para replicar nuestro proyecto de negocios en aquel país. Un objetivo que siempre tuvimos en mente y nos interesó concretar”.