La enorme mayoría de la gente piensa que es muy fácil que yo me ponga una corbata, porque reflexionan sobre ellos mismos o piensan en la facilidad con la que yo podría recordar cómo se hace el nudo, por más que hace muchísimo tiempo que no lo hago. Enfocan mal la cuestión.
Desde hace casi 4 décadas sigo cotidianamente la política económica argentina. De tamaña experiencia aprendí que para entender y pronosticar eso que se denomina economía, conviene mirarla desde la perspectiva de los procesos decisorios. Porque la "economía" no está en las mercaderías y los servicios, sino en las mentes, corazones y entrañas de los seres humanos.
Esta es la razón por la cual nunca comienzo el análisis de una política económica leyendo listados de medidas sino identificando quién manda (no importa lo que diga el organigrama) y semblanteando al que manda.
El primer discurso de un flamante presidente o ministro de economía lo miro por televisión, y luego lo leo con mucha atención. Para identificar rápidamente de qué habla y de qué no habla, cómo se dirige al publico, si entiende lo que está diciendo, si cree lo que está diciendo o pretende venderme un buzón, etc.
Rara vez tuve que modificar la impresión que me llevé de un primer discurso presidencial o ministerial; y rara vez tuve como que modificarla, no solamente porque surge de inmediato sino porque además no cambia con el tiempo. Este último es el punto que quiero enfatizar en estas líneas.
Increíble cantidad de personas están convencidas de que cuando una cuestión es de estilo, es muy fácil modificarla. Piensan que lo que resulta verdaderamente difícil es instalar un nuevo generador, modificar una estrategia de ventas de algún producto, etc.; en cambio creen que "en cuanto le expliquemos" al poderoso que su estilo resulta contraproducente, lo va a modificar.
Craso error, porque los estilos se llevan en la sangre, es decir, responden a razones muy profundas, casi inmodificables. En el caso de Néstor Kirchner a partir de 2003 sonreí cada vez que escuché que abandonaría el denominado "estilo K" luego de su primer viaje al exterior, en cuanto volviera de las vacaciones, en cuanto saliera del hospital de Río Gallegos, en cuanto ganara las elecciones, etc.
Menos aún se cambian los estilos, cuando no importa lo que le parezca a los demás, con el referido estilo quien lo utiliza consiguió cosas que le importaban. Si con el estilo NK ganó la intendencia de Río Gallegos, más de una vez la gobernación de Santa Cruz, la elección presidencial de 2003, la elección presidencial de 2007 (por más que él no fuera el candidato), la elección legislativa de medio período, etc.; reactivó la economía y redujo la tasa de desocupación (no importa que con la ayuda de increíbles condiciones internacionales y agotando stocks); si con un estilo que muchos deploran logró todo esto; ¿por qué habría de cambiarlo?
Porque la realidad se modificó. La tensión que a partir de mediados de marzo pasado se produjo entre el sector agropecuario y el Gobierno mostró que el estilo basado en duplicar la apuesta y sentarse a esperar que el adversario aparezca en la Casa de Gobierno con los pantalones bajos, dispuesto a capitular, por lo menos hasta ahora no funcionó.
Episodio que coincidió con prácticamente el fin de la reactivación económica, que como expliqué en FORTUNA enfrió la economía antes del paro agropecuario (y con más razón como consecuencia de dicho paro), no importa que al ex presidente le parezca que la cuestión es ideológica o de perversión profesional, y con el aumento de la tasa de inflación, que nadie sabe qué intensidad tiene pero está bien por encima de lo que sigue diciendo el INDEC.
Los argentinos tenemos mucha experiencia como para saber que cuando la economía deja de reactivarse y la tasa de inflación aumenta, se achica el horizonte. Dejamos de pensar en años para pensar en semanas o días, y esto se nota en el retiro de depósitos, las ventas de títulos públicos, el aumento de la demanda de dólares, etc., y por consiguiente en la reducción de la demanda de bienes, particularmente de bienes durables.
Aquí viene el test del estilo. Porque no tendría gracia decir que, más allá de lo que nos parece a cada uno de nosotros, el matrimonio Kirchner aplicó el estilo K simplemente porque en función de sus objetivos le funcionó, pero como ahora está dejando de funcionar modificarán dicho estilo.
Cuando digo que los estilos no se cambian porque se llevan en la sangre, lo que estoy diciendo es que se insistirá con el mismo esquema a pesar de que, según la perspectiva de cualquier observador desapasionado, dejó de rendirle frutos. Porque la lectura que se hace desde el estilo no es que ya no funciona más, sino que la medicina sigue siendo la correcta pero hay que ajustar la dosis.
Si esto fuera así, desde la lógica del estilo gubernamental la lectura de lo que ocurrió en abril, durante la tregua de las medidas de fuerza del sector agropecuario, es que no se llegó a algún acuerdo por la blandura con la cual se actuó. Siempre desde la lógica del estilo gubernamental, el problema que se planteó es que las sucesivas reuniones mantenidas con el jefe de gabinete, si bien inconducentes desde el punto de vista de las soluciones concretas, le hicieron pensar al sector agropecuario que el gobierno estaba débil.
Por favor, no se la agarre conmigo. Estoy simplemente imaginando qué puede haber detrás de una postura del Gobierno que, teniendo el tiempo en contra, actuó durante todo el mes pasado como si lo tuviera a favor. Ojalá esté equivocado.
¿Cómo sigue esto y cómo termina? Es un gran interrogante que sólo Dios puede responder. Pero si quiere entender lo que está sucediendo no se deje llevar por la ilusión de que, si se explica correctamente, los estilos pueden llegar a cambiarse, porque se llevan en la sangre.