Revista Fortuna

Negocios y Economía

Año III Nº 2 | Edición 251 del 20 de Marzo de 2008

negocios | Camellos australianos

De plaga a negocio millonario

La reproducción salvaje de la especie, que duplica su número cada 8 años y causa problemas ambientales, ha generado una pujante industria relacionada y crecientes ingresos con la venta de subproductos.

Por Bernward Loheide

¿Agua? Ni siquiera a la vista. Sólo tierra rojiza, polvo seco, alguna que otra acacia y un eucalipto fantasmal. A lo lejos, una manada de camellos salvajes atraviesa el calor del desierto. Aunque resulte difícil de creer, en el ignoto y árido Outback australiano han encontrado una nueva patria –lejos de África y Arabia– donde se sienten a gusto.

La conquista de esta tierra poco menos que infinita en el siglo XIX no habría sido posible sin la ayuda de este bravo animal. Sin embargo, el futuro de los camellos está ahora en riesgo.

"Sencillamente son demasiados y destruyen nuestra tierra", explica Dennis Orr, de la granja Frontier Camel en Alice Springs. Aunque vive de los camellos, este aborigen australiano ve en ellos también un peligro... y una gran oportunidad para el turismo, la industria alimentaria y los australianos autóctonos.
Según las estimaciones más recientes, en el Outback viven más de 800.000 camellos salvajes. Ningún otro país del mundo cuenta con semejantes manadas. "Hace unos años, nuestro gobierno tomó en cuenta la posibilidad de instaurar una recompensa por cada camello cazado para mermar su número", relata Orr.
Entre tanto, sin embargo, otra idea se reveló mejor: los cazadores de camellos reúnen a los animales y los llevan a la costa sur. Allí se los sacrifica y se empaqueta su carne, que termina por ser exportada incluso a aquellos países de donde vinieron hace más de 150 años.



La historia del camello en Australia comienza el 12 de octubre de 1840 en Adelaida, día en que el primer ejemplar desciende de un barco. Entre 1860 y 1907, los colonos blancos importaron al país cerca de 12.000 animales, sobre todo de Pakistán, India y el norte de África. A sus espaldas se cargó todo aquello que los ventureros necesitaron para construir calles, vías ferroviarias y líneas telegráficas.
Con los vehículos a motor, los camellos fueron abandonados a su suerte, y en los desiertos y estepas del interior del país se volvieron salvajes y se multiplicaron.
Sólo durante el verano pasado, decenas de miles de camellos devoraron la de por sí escasa vegetación, barrieron con vallados y contaminaron el agua potable. Su multiplicación representa una amenaza no sólo para la economía ganadera de los granjeros blancos, sino también para las poblaciones aborígenes.

Cambio. Los australianos aspiran ahora a hacer de la plaga un negocio. Y, según las estimaciones, se trata de un negocio de enorme dimensión: los expertos ven en los camellos una fuente de ingresos de cientos de millones de dólares por año.
La unión de ganaderos Northern Territory ya planea la construcción de un enorme matadero en el interior del país, desde el que podría venderse carne de camello a gran escala, como bien de lujo para restaurantes de alto nivel o como alimento para animales. También se espera demanda de todo el mundo para su leche, rica en calcio, su cuero, su lana y su grasa para elaboración de cremas.

Quien quiera saber cómo es el sabor de la carne de camello puede presentarse en Overlanders Steakhouse, en Alice Springs, y pedir el plato de la casa: una pierna de camello de 50 kilos, "libre de grasa y colesterol, con muchas proteínas y sabrosísima", destaca el dueño del restaurante. Su sabor, parecido a la carne de buey y de cordero.

Los turistas también comienzan a utilizar los camellos como animal para montar. Más de cincuenta centros en Australia les ofrecen la posibilidad de cabalgar en camello, en travesías que demandan desde una hora hasta safaris de varias semanas: 60 minutos de cabalgata cuestan u$s 55. Más de mil veces ese monto tendrá que desembolsar quien quiera hacerse con un camello de carrera australiano. La raza alcanza unos 50 kilómetros por hora, y el tipo australiano destaca por su fuerza y salud. Entre sus principales compradores se cuentan ricos jeques árabes, que llegan a pagar sumas millonarias por ejemplares selectos.
La de Dennis Orr es una de las granjas más grandes de camellos del país. Con más de 40 animales y una filial en Ayers Rock, la instalación cuenta con una exposición permanente sobre la historia de los camellos en Australia y recibe unos 8.000 visitantes anuales en busca de aventura, naturaleza o simple comercio. La tendencia va en aumento, y los negocios se multiplican con un recurso que crece en forma geométrica.