Todas las empresas, sin importar su tamaño, pueden acceder a herramientas para hacer más eficiente su negocio. El rol de la informática y cómo evitar la postergación eterna de las decisiones menos urgentes pero más importantes.
Por Roni Lieberman
Estudios realizados en América Latina indican que la mayoría de las empresas no posee soluciones tecnológicas; en la Argentina la cifra es del 60%. También sucede que los recursos humanos no son tomados en cuenta como parte vital de la organización y herramienta principal para alcanzar el éxito.
Actualmente, las PyMEs pueden obtener grandes beneficios incorporando soluciones tecnológicas que les permitan mejorar su gestión y aumentar su productividad. Sin embargo, son pocas las que logran la implementación de tecnología. En parte, debido a las trabas culturales que debe enfrentar diariamente el empresario que la maneja, quien suele transformarse en un "hombre orquesta" ocupándose de todos los temas pero sin el tiempo suficiente para asumir una visión más estratégica del negocio. Decisiones de mediano y largo plazo se ven así pospuestas y entre ellas, la inversión y entrenamiento de gestión.
Ante este panorama, hay que apuntar a la masificación de la tecnología. Todas las empresas, sin importar su tamaño, pueden acceder a las herramientas que les permitan gestionar mejor su negocio. Para todos los casos, la solución debe ser simple, aportar tecnología y a la vez no demandar demasiados conocimientos informáticos por parte del usuario, para lograr una baja curva de aprendizaje y un rápido aprovechamiento de las funcionalidades del material.
Poder contar con tecnología le posibilita al empresario concentrarse en el negocio y de esta manera agregar mayor valor. A esta altura es preciso desmitificar la creencia un tanto generalizada según la cual la tecnología es demasiado cara y muchas veces inaccesible.
Las empresas deben comprender sus necesidades y manejar su información de forma diferente. Cada proceso de negocios implica tener en cuenta sus particularidades que pueden clasificarse dentro de dos grandes grupos. En el primero están los que informatizan a su empresa para automatizar algunos procesos de negocios repetitivos, como facturación, liquidación de sueldos o manejo de caja y stocks. Un segundo grupo está integrado por aquellos que requieren de tecnología para la toma de decisiones. Este último grupo posee necesidades más sofisticadas y busca una funcionalidad específica del software.
Lo cierto es que la incorporación de tecnología genera un aumento en el rendimiento y mejora la calidad de vida del empresario. Incluso, la incorporación de un software de gestión reporta beneficios como la eliminación de errores por el procesamiento manual de información o códigos mal interpretados que significa reducción de costos. Además, la informatización permite el diseño de ofertas comerciales junto con la reducción a la exposición a riesgos financieros, entre otros beneficios.
COSTOS. La preocupación del empresario PyME suele estar, muchas veces, sino la mayoría, en pensar en los costos que puede tener el desarrollo de su compañía, tanto sean causados por la inversión en tecnología como en otros aspectos que hacen al día a día. Uno de esos aspectos, es poder entregar una solución y no sólo un determinado producto a una problemática que pueda tener nuestro cliente. La gente suele comprar confianza antes que productos. Y ahí es donde entran en juego los recursos humanos.
Parte del éxito de cualquier compañía radica en creer firmemente en valores organizacionales definidos y particulares a cada caso. Cada día, estos valores deben ser declarados, compartidos y fundamentalmente aplicados en las actividades cotidianas y en la gestión de la empresa. Pero, todavía muchas empresas se olvidan de estas premisas, donde los negocios de las pequeñas y medianas empresas en Latinoamérica se caracterizan por relegar el ámbito informático y el personal a cargo, mientras se preocupan por la atomización de ofertantes, canales de distribución y el desconocimiento de la cantidad de usuarios y grado de utilización de la solución por parte de los mismos.
El primer paso para cambiar el contexto en que se encuentran las empresas radica en su auto evaluación, tanto de la gente que trabaja en ella como la postura que ésta tiene hacia el exterior. Tanto la empresa como sus directivos, deben poder transmitir a todos los niveles internos ciertos valores que consideran fundamentales como la superación continua y una renovación permanente de energía. Estos valores organizacionales cuando son aprehendidos se reflejan luego en una actitud positiva ante situaciones posiblemente conflictivas y, sobre todo, en una amplia tolerancia a la frustración que pueda atravesar el staff de empleados. Lo principal es estar convencido de que la gente que tiene éxito no es porque no fracase, sino porque se sabe recuperar rápidamente de cada fracaso y tiene la fortaleza para empezar de nuevo, las veces que sea necesario.
MÁS Y MEJOR. Otro aspecto a tener en cuenta es la búsqueda de perfeccionismo en todas las áreas y en todas las personas de la empresa. No es suficiente esperar que la compañía funcione más o menos bien, siempre hay una forma mejor de hacer las cosas y es imperativo buscarla en forma permanente. Para ello, es vital que sea de conocimiento generalizado que son las personas la clave para el éxito de la empresa y ninguna empresa puede ser mejor que la gente que trabaja en ella. Cada gerente, director o persona a cargo de una organización, debe conocer al detalle a su equipo de personas así como sus características excepcionales, ya que desempeñan un papel clave en la transmisión de la cultura y valores corporativos de la organización. Además, se debe trabajar sobre las características individuales de cada persona y la manera como cada uno logra la motivación. Hay un momento en la vida de las personas, en que esa persona se motiva haciendo cosas y es en ese punto exacto cuando hay que darles libertad para que logren éxitos y se motiven con los mismos.
Cultivar la honestidad y la integridad entre el plantel brinda varios beneficios intangibles, pero quizás el más visible sea obtener la adhesión de un gran equipo humano a un objetivo común cuando existe coherencia. La gente debe percibir el alineamiento entre lo que se pensó, lo que se dijo y lo que se hizo. Si se hacen las cosas de esta manera, incluso en los momentos difíciles, la gente responde.
Es decir que la profesionalización PyME puede correr por diversos caminos paralelos y puede depender de numerosos factores, pero tecnología para la gestión y recursos humanos capacitados y listos para crecer, son pilares que conforman la historia de cada empresa. Hoy es posible comparar el desarrollo empresarial con el personal individual, cada compañía cada día aprende, se equivoca y cambia, pero sobre todo y más importante, crece.
Roni Lieberman
Fundador y CEO de Memory Computación