Año II Nº183 | Edición del 4 de diciembre de 2006


 
REPORTAJE: Juan Pablo Schiavi
“Hay sectores inmobiliarios con lógica mezquina”
El ministro de Planeamiento y Obras Públicas de la Ciudad de Buenos Aires explica por qué la suspensión para construir edificios no tendrá impacto económicos negativo. Los planes de infraestructura de la gestión Telerman y el peligro de colapso de los servicios porteños.
Por Sebastián Catalano

Fue montonero, funcionario de Carlos Grosso y jefe de campaña de Mauricio Macri, en 2003. Ahora, kirchnerista converso luego de que el presidente de Boca hiciera migas con Ricardo López Murphy, Juan Pablo Schiavi, ministro de Planeamiento y Obras Públicas de la Ciudad de Buenos Aires, firmó el decreto que puso freno a la construcción de edificios en los barrios porteños de Villa Urquiza, Núñez, Coghlan, Palermo, Villa Pueyrredón y Caballito.
En medio de una polémica que incluye fallos judiciales, vecinos furiosos, constructores que defenestran la medida por lo bajo y rumores sobre el inminente colapso de la infraestructura de servicios de la Capital, Schiavi afirma que la medida es sólo transitoria y que no hay peligro de nada. Con todo, reconoce que a su llegada al cargo, hace cinco meses, "Buenos Aires estaba devastada desde el punto de vista infraestructural".

El funcionario es el encargado de manejar la porción más grande del presupuesto porteño: más de $ 600 millones para inversiones durante 2007. La cifra superaba los
$ 1.000 millones pero fue recortada abruptamente luego de que la Legislatura rechazara el Presupuesto enviado por Jorge Telerman y su ex secretario de Hacienda, Guillermo Nielsen, hace un mes.

Fortuna: ¿Por qué se decidió frenar los permisos de construcción en medio de lo que muchos definen como un boom inmobiliario?
Schiavi: Íbamos camino a la judicialización del planeamiento urbano, con la consecuente inseguridad jurídica para los inversores que estuvieran construyendo. Además, el Gobierno perdía autoridad en una materia en la que es competente: decidir sobre lo que pasa en la ciudad. Lo que se suspendió es el trámite de presentación de nuevos permisos. Es una medida cautelar y transitoria fundada en una decisión judicial, en la conservación de la autoridad pública y en escuchar a la gente. No nos olvidemos que atrás de todo esto hay un reclamo concreto de los vecinos.

Fortuna: ¿Por qué la medida afecta sólo a seis barrios?

Schiavi: Porque allí, en los últimos dos años, se registró el desarrollo inmobiliario más alto. La ciudad tiene una media histórica de crecimiento anual del 0,6% sobre lo que está construido. Toda la media aumentó, pero en estos barrios se ubicó en el 2 ó 3% anual. Además, son los barrios en los que más cambió la morfología urbana. Ahora queremos comprobar que la infraestructura de estas zonas esté preparada para el crecimiento.

Fortuna: ¿Cuál cree que será el impacto económico de la medida? En el mercado se dice que cuando termine la suspensión las propiedades costarán un 20% más.

Schiavi: No habrá impacto negativo. Sí debiera haber un efecto rebote positivo. Se trata de una medida que no es regresiva para la industria de la construcción, salvo para la lógica mezquina y perversa de algunos sectores inmobiliarios. Son los empresarios del crecimiento del 6%, los que ni siquiera tienen la intención de orientar las inversiones de terceros. El país produce 9 millones de toneladas de cemento y duplicó la construcción en 4 años. Pero el 50% de la construcción de la Ciudad está concentrada en cinco barrios. Tenemos un problema. Cuando se hizo Puerto Madero, se armó un lugar apto para inversiones. Lo mismo pasa ahora con el Proyecto Retiro, el subte a Pompeya o el estadio en Parque Roca, en el sur. Proyectos con los que el Gobierno dice: "Acá están los issues de desarrollo". Y el sector inmobiliario, en lugar de ser vanguardia de ese desarrollo, le dice a sus clientes: "Vamos a construir a Caballito".

Fortuna: Hay sectores políticos y de la actividad privada que definen a la suspensión como una medida populista que sólo apunta a las elecciones.
Schiavi: Es una medida práctica y pragmática de un Estado que no se come el pirulín. Podíamos no haber hecho nada y en marzo mandar a la Legislatura el Plan Urbano Ambiental para su aprobación y listo. Este Plan –algo así como la Constitución urbanística– mide los diagramas de crecimiento y decrecimiento de densidades poblacionales, pero está pendiente de implementación desde hace seis años. Pero no haber hecho nada hubiera llevado a un escenario de fallos judiciales para parar obras y a discusiones entre dueños antiguos y nuevos propietarios. Hubiera sido seguir con el Estado en el que manda el mercado, la teoría del derrame y muchas de las cosas con las que nos fue mal. No es una medida populista. Fue tomada en forma rápida, pero así nos tocó bailar.

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Fortuna: El esperado Plan Urbano Ambiental está pendiente desde que se dictó la Constitución de la Ciudad. ¿Por qué no se puso en marcha antes?
Schiavi: Porque acá gobernó Ibarra. Así de fácil. Pero no hay que hacer de éste un tema político. Sinceramos el problema y trasladamos la discusión del escritorio a la mesa de mi mamá. Queremos el desarrollo, pero no a toda costa. No con una empresa de aguas, como la que vino en los ‘90, que no invirtió un peso. El resultado es un 38% de pérdida de agua por infraestructura defectuosa y 100 síntomas de colapsamiento de las cloacas.

Fortuna: Es muy fuerte la idea de la Capital con una infraestructura de servicios a punto de explotar. ¿La ciudad está al borde del colapso?
Schiavi: La ciudad no está colapsada ni a punto de colapsar. Lo que pasa es que no hubo inversión, por eso se le rescindió el contrato a Aguas Argentinas. Además, hay muchas otras empresas de servicios públicos que están readecuando sus programas para cubrir el crecimiento de la ciudad. Ese crecimiento estuvo guiado por un código que flexibilizó normas para tratar de generar un boom de construcción en algunos lugares.

Fortuna: ¿Cómo es el diálogo con las empresas de servicios?
Schiavi: La relación es muy buena. Además, esta situación les termina conviniendo porque les permite orientar la inversión. Estamos todos en una mesa de diálogo para hacer una foto de la infraestructura actual y luego trazar la película de lo que pasará en los próximos cinco años si seguimos creciendo a este ritmo. Aún es preliminar hablar, pero la ciudad no tiene colapsos. Sí hay problemas puntuales de crecimiento. Por ejemplo, temas cloacales, de presión de agua, de red y otros que la gente no ve tanto, como el impacto del tránsito y los ruidos.

Fortuna: ¿Hay posibilidades de que la suspensión se levante o se extienda, más allá del plazo establecido?
Schiavi: Si vemos que en algunos barrios no hay cambios morfológicos y antes de los 90 días tenemos la certeza de que hay problemas de infraestructura, levantamos la suspensión. Pero no lo decidirá sólo el Estado, sino todos los que estamos en la mesa de diálogo. Lo que sí está claro es que la suspensión se termina en ese plazo, no se extenderá.

Fortuna: ¿Cuál es el déficit habitacional de la ciudad?
Schiavi: Llega a 200.000 viviendas. Pero tenemos una clase media que, en muchos casos, vive hacinada. La oferta de alquileres existe, pero la entrada a la primera vivienda para una pareja joven es muchas veces el sueño de una noche de verano. Y los bancos están muy lejos en las operatorias de crédito para conformar a esas familias.

Fortuna: ¿Cómo sigue el esquema de obras en lo que queda de la gestión Telerman?
Schiavi: Buenos Aires estaba devastada desde el punto de vista infraestructural. La ciudad tiene 50.000 calles y la mitad está asfaltada. Habría que tener un programa de repavimentación de 10% de las calles por año. Si miramos el registro de las últimas dos décadas está claro que no se hizo nada. Y el pavimento se ve, imaginemos lo que pasó con lo que no se ve. Vamos a poner $ 80 millones en infraestructura hidráulica y en recuperar el espacio público. Tenemos una norma que dice que todos los edificio de más de 10.000 m2 deben someterse a impacto ambiental. Esto podría cambiar porque hay cuadras con seis obras de 2.000 m2 y sin ningún estudio. Vamos a invertir $ 250 millones en 11 viaductos por debajo de las líneas ferroviarias. En los últimos años sólo se hicieron tres. Además, con la Nación invertiremos $ 1.200 millones en la Autopista Ribereña, por debajo de Puerto Madero. Haremos tres puentes nuevos sobre el Riachuelo y un contracarril sobre Lugones, a la altura de Aeroparque.

Fortuna: Su área fue la más cuestionadacuando la Legislatura no aprobó el Presupuesto 2007. ¿Estaba sobreestimado?
Schiavi: No, pero seguramente va a haber alguna modificación. Al final, rondará los $ 600 millones destinados a inversión. Algunas de las previsiones que hizo el ex ministro de Hacienda (Guillermo Nielsen) no fueron tomadas en cuenta, como la de los subtes. No necesitamos esa partida con esas previsiones y, además, el dinero extra para subtes no estaba calculado en nuestro presupuesto, sino en el de Hacienda. La lógica de nuestro presupuesto es crecer en inversión y lograr que sea ejecutable, que no muestre "dibujitos".

Fortuna: ¿Qué pasó con el escándalo del Fonavi en el Bajo Flores? ¿Hubo denuncias judiciales concretas? Usted acusó directamente a Aníbal Ibarra.
Schiavi: Tuvimos que hacer la obra otra vez porque la destruyeron, eso es lo más fuerte que quedó del tema. El escándalo sirvió para intervenir el Instituto de la Vivienda y modificar cosas importantes, porque saber si estaba o no estaba metido Ibarra en el conflicto a la gente le importa un pito. Mejoramos la eficiencia del gasto y ahora están todas las obras en ejecución. Empezamos un programa de regulación de dominios por que vimos que 17.000 viviendas no estabas escrituradas. Encontramos también una falta de trasparencia enorme que queremos subsanar por medio de trámites que se pueden seguir por internet. Igual, Capital sigue siendo el patito feo de la Argentina en cuanto a las obras: somos los que más gastamos y los que menos construimos. La burocracia mata.

Fortuna: ¿Cómo es su relación actual con Mauricio Macri?
Schiavi: No existe relación. Estuve muy cerca de él en su momento, pero ahora no. Sí tengo buen diálogo con mucha de su gente. Soy muy crítico de las cosas que hace, por algo me fui. Pero en general trato de no hablar de Macri porque suelo ser mal interpretado.

Fortuna: ¿No es una locura planear la autopista 9 de Julio subterránea como proyecto real de infraestructura en la Argentina de hoy?
Schiavi: No. Es todo parte de un proceso de planificación e inversión. Sería una locura si nos largamos a hacerla sin pensar. Lo que no es una locura es suponer que Buenos Aires, con un millón de vehículos propios y 4 millones que ingresan por día, no tiene que tener redes alternativas de tránsito. La 9 de Julio subterránea, como puente Avellaneda-Norte, es una red viable. El tema es que esta ciudad no había un sólo proyecto de nada.