Año II Nº173| Edición del 25 de septiembre de 2006
NOTA DE TAPA
Veraz. El Gran Hermano financiero
Tiene la facturación
de una PyME –sólo $ 35 millones por año– pero también un activo invalorable: la historia crediticia de 14 millones de argentinos. El manejo y los nuevos negocios
de una empresa privada con roles asimilables
a los del Estado.
Por Fernando Meaños
A veces, para ser influyente o poderoso, no hacen falta grandes estructuras ni bolsillos generosos. Alcanza simplemente con saber lo que hay que saber y comunicarlo con pericia. Veraz lo ha conseguido. Tiene las características de una PyME de capitales extranjeros, pero ha tomado un protagonismo único en el sistema financiero, a tal punto que a menudo juega un rol asimilable al de un organismo público.
Y tal como ocurre con el Estado, su repercusión pública siempre está más ligada a sus errores que a sus aciertos. Su capital es invalorable: los antecedentes crediticios de, virtualmente, todos los argentinos. Y todos son todos: cumplidores o estafadores, individuos o empresas, ricos o pobres. El tan ansiado crédito pasa invariablemente por sus manos, desde un préstamo en el Banco Nación para una gran empresa hasta la compra a plazos de un televisor en Garbarino. Para quienes no cuentan con la aprobación del Gran Hermano financiero, la vida puede volverse muy compleja.
Este año, Veraz facturará $ 35 millones. Tiene 140 empleados y toda esa madeja de registros comerciales no precisa de mucho espacio: apenas un piso en la zona de Catalinas y un data center en las instalaciones de Banelco, uno de sus dueños. Tener a los bancos del lado de adentro es lo que, según explican en la empresa, la distingue de sus competidores –Fidelitas, Nosis, Decidir y otras– dentro del mercado de la información comercial. Las demás se nutren sólo de información pública, en general del Banco Central y de la justicia comercial. Veraz suma a eso el hecho de que, a través de Banelco, tiene convenios con los bancos por los cuales éstos utilizan sus servicios pero le aportan datos sobre sus clientes. Sólo el 40% de su información proviene de fuentes estatales.
Con este esquema, posee un legajo de cada uno de los 14 millones de argentinos que alguna vez tuvieron actividad crediticia y de cada una de las más de 100 mil empresas que operan en el sistema financiero. Así surgió el temido "estar en el Veraz". Las quejas más frecuentes provienen de aquellos que consideran que están incluidos injustamente en la lista negra. La ley obliga a que las deudas sin cancelar permanezcan registradas durante 5 años y las deudas canceladas lo hagan por 2 años. Los casos más graves son los de robo de identidad, en la que alguien usó un nombre limpio para hacer negocios sucios. El dueño de ese buen nombre, luego, debe enfrentar un tedioso camino para lograr que se le quite la bolilla negra. Sus ventajas también son conocidas: ayuda a no mezclarse en negocios con quienes tienen un historial negativo.
LA HISTORIA Y LA MARCA.
Veraz fue fundada en 1957 y desarrolló su camino en manos de la familia Yelín. En 1994, dio el primer salto: incorporó como accionistas a Banelco y a la estadounidense Equifax, cotizante en Bolsa y una de las líderes en el mercado mundial de la actividad financiera. Cuatro años más tarde, Equifax le compró su parte al entonces presidente, Gabriel Yelín, y tomó el control de la empresa. De hecho, hoy el verdadero nombre de la empresa es Equifax, aún cuando sus servicios llevan la marca Veraz y es ese el modo en que se la identifica en la calle.
"Muchos creen que el negocio de esta compañía es poner en evidencia a los incumplidores y a los morosos. Muy por el contrario, el mejor momento para nosotros es cuando la oferta de crédito es generosa y hay competencia entre la entidades financieras", señaló Alfredo Vicens, gerente general de Veraz desde 1995. Explica que la actividad creció en los ‘90, con "la democratización del crédito" y la bancarización, y que cayó en la crisis, cuando en los bancos no había solicitudes de crédito sino cacerolazos.
En los últimos años, Veraz inició una etapa de expansión para llevar los controles que hoy vende a bancos, financieras y cadenas retail a otras actividades (ver recuadro). También incorporó servicios para particulares, que ya representan el 5% de su actividad. Así, a través de su web, es posible pedir el informe Veraz propio por $ 14, el de un tercero por $ 17 o tener "Veraz sin límites" por $ 34 anuales. Cada mes se venden 8 mil informes on line, pagados con tarjeta de crédito, demandados principalmente por el negocio de compraventa de autos y por el mercado de alquileres. También cerró un acuerdo con 1.200 locutorios –"Pida aquí su Veraz"– para distribuir sus informes. Ha instalado un call center (4348-4463) en el que cualquier interesado puede llamar y pedir gratuitamente su propio informe comercial.
VALORES.
Vicens –hermano de Mario, el presidente de la Asociación de Bancos Argentinos (ABA)– asegura que más del 90% de los registrados tienen su hoja en blanco y están en condiciones de recibir préstamos. Poco habituado a las entrevistas y a las fotos, explica que en los países desarrollados, "lo sospechoso es no tener ninguna historia crediticia" y que quien no la tiene, es díficil que acceda aún a lo más simple, como una tarjeta de crédito.
El gerente general de Veraz no desconoce que sobre su empresa recaen cuestionamientos y que su rol en el sistema financiero ha crecido mucho, tal vez demasiado. Pero busca poner esos datos en un contexto. El mecanismo permite que muchísimos agilicen su llegada a los bancos, aún cuando para algunos pocos –como los casos de robo de identidad– represente una pesadilla. Además, el que no haya tenido problemas de deudas en la Argentina, que tire la primera piedra. "Dentro de la escala de valores del ciudadano argentino, ha habido una enorme disposición a justificar que nadie pague sus deudas, empezando por el propio país. La gente lo ve como una injusticia y se pregunta: ¿por qué me botonean a mí, que no pagué un simple crédito, si el incumplimiento fue generalizado? La explicación es difícil pero hay que entender que ninguna sociedad es viable sino hay reglas de juego claras en la que los derechos propios estén limitados por los derechos de los demás".
Fortuna: ¿No hay un sobredimensionamiento del rol de Veraz en la actividad crediticia y comercial? Vicens: Sin dudas. Disfrutamos del beneficio de ser los líderes en nuestro mercado pero también recibimos el castigo de ser el genérico del sector. Nuestra actividad, al igual que la de la AFIP, está orientada a marcar patrones de conducta en la sociedad. Cuando esos patrones están orientados al cumplimiento de las obligaciones de crédito, eso no es precisamente algo querido por la opinión pública.
Fortuna: ¿Por qué cree que, en el público masivo, tienen una imagen negativa? Vicens: Somos conscientes de que la percepción que se tiene de lo que hacemos es disvaliosa. Trabajamos todos los días para lograr que se comprenda que tener un buen récord crediticio es la mejor puerta de entrada para acceder a un préstamo. Tenemos cosas para mejorar. Un solo error, por insignificante que sea, puede dañar la sensibilidad de las personas y somos plenamente conscientes de que manejamos esos valores.
Fortuna: ¿Están conformes con el margen de error que tienen? Vicens: Sería muy simple limitarse a responder que el margen de error es insignificante dentro del volumen de información que manejamos. Pero lo importante es analizar cuáles son las causas de esos errores y eso nos obliga a ir a nuestras fuentes de información. Los datos que manejamos provienen de fuentes públicas, como el Banco Central o la Justicia, o de nuestros propios clientes, con quienes tenemos acuerdos contractuales. En este último caso, tenemos claro que la responsabilidad por un error está entre quien aportó la información y nosotros que la difundimos. El procedimiento para la rectificación es cada vez más ágil. Lo que es mucho más difícil de manejar es cuando las fuentes son públicas, ya que en el ámbito estatal los procedimientos de corrección no están aceitados. En la Justicia, por ejemplo, todavía hay poca automatización. El problema no se resuelve matando al mensajero, sino poniendo esfuerzos en la mejora de esas fuentes de información.
Fortuna: ¿El implicado no tiene derecho a ser informado antes de que el error lo perjudique? Vicens: Es muy difícil que cada dato que se incorpora a nuestra base pueda quedar sujeto a la exigencia de una notificación previa. Ese es uno de los pilares de nuestra actividad a nivel mundial. Lo que se debe hacer es controlar el ámbito en el que se maneja la información, definir las responsabilidades de las partes y comprometerse a tener mecanismos eficientes de corrección. En eso trabajamos permanentemente.
Fortuna: ¿Qué grado de responsabilidad hay en los bancos en los casos de robo de identidad? Vicens: Todo está en relación con el grado de actividad que presenta el mercado. El robo o usurpación de identidad siempre existió. Si hoy aparece como un fenómeno más preocupante es porque hay una oferta de crédito más agresiva y las entidades de crédito están tratando de reposicionarse. A raíz de eso, bajan sus mecanismos de defensa y privilegian sus actitudes comerciales. Cuanta más agresividad comercial existe en el mercado financiero, mayores son los riesgos de robo de identidad.
Fortuna: Uno de los obstáculos del nuevo plan de préstamos hipotecarios es la cantidad de gente que aparece en Veraz. ¿No hay margen para flexibilizar? Vicens: Yo reformularía eso. La información que tiene el legajo de cada persona, ¿es verdadera? Si lo es, eso está por encima de cualquier otra cosa. No se le puede ocultar a quien está por otorgar un crédito un dato que señale la posibilidad de que haya morosidad. Si el mensaje que se quiere dar es que el crédito no se expande a causa de la información, real, que existe en los registros, lo que se quiere decir es otra cosa: es que los bancos le presten plata a quienes tienen historia de incumplimientos. Lo único que se lograría con eso es un sistema financiero débil y con alta morosidad. El mensaje que se le daría a la sociedad es que no vale la pena cumplir, porque a fin de cuentas algún blanqueo iguala a todos.
Fortuna: Usted hizo una analogía con la AFIP. ¿No cree que Veraz ha tomado atributos asimilables a los de un organismo público? Vicens: Se lo contesto de la siguiente forma: si esta compañía, de un día para el otro no existiera, la misma información que tomamos del Banco Central la tomaría otro. El problema de nuestra compañía es que somos el genérico y que eso a veces se usa como gancho para darle mayor atención al tema. Pero la información está disponible. En definitiva, el rol de nuestra actividad es diferenciar entre quienes cumplen y quienes no lo hacen, para evitar que el costo de ese incumplimiento sea un castigo para todos. La morosidad encarece las tasas de interés en los créditos y las cuotas en los seguros o las empresas de salud.
Fortuna: Dar premios y castigos es naturalmente una atribución del Estado, no de una empresa privada. Vicens: Eso es así en la conformación social argentina. Hemos sido una sociedad muy orientada a que las cosas críticas queden a cargo del Estado. Y eso generó enormes fracasos en nuestro país. Es claro que este tipo de servicios son más eficientes cuando están en manos privadas. Es difícil que el sector público tome una actividad así con el sentido de responsabilidad con que nosotros lo hacemos. Por otra parte, hay una tolerancia para el Estado que no se tiene con una empresa privada. Y es razonable, porque la vivencia que tiene el individuo es que al Estado le paga y que el sector privado hace negocios con él. Es entendible. Pero no por ello tenemos que justificar la descalificación de nuestros servicios.
RADAR VIGILA.
En Veraz, la actividad se mide por "hits". Así se llama a cada pedido de algún banco o cadena retail para averiguar el prontuario financiero de algún argentino. Cada día, Veraz recibe entre 15 mil y 30 mil "hits". Con ellos, se habilitan caminos disímiles: algunos encuentran la aprobación para un ansiado crédito; otros, en cambio, ingresan en el descalabro del robo de identidad o del reclamo por deudas ya saldadas. Es claro que los primeros son muchísimos más que los segundos, pero ese argumento no es suficiente para quien está en este último grupo. Unos y otros, todo el tiempo, pasarán por el tamiz del Gran Hermano financiero. Mientras tanto, es bueno manejarse con precaución: Veraz está mirando.